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La Reliquia

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La Reliquia

Perdido entre las callejuelas de La Habana, en un sitio alejado de las principales arterias y bulevares, se ubica uno de esos pequeños restaurantes capaces de dejar sin aliento a los que, como a mí, las antigüedades despiertan sentimientos. De la mano de una amiga llegué a sus puertas escéptica y reticente por el ambiente alrededor. La Reliquia me asombró desde el mismo momento que pisé su umbral. Un pequeño espacio bien pensado y decorado con antiguos objetos de colección que deleitan al visitante ante tanta antigualla. Dos salones conforman el establecimiento. La planta baja más publica y abierta al exterior, sirve de antesala al nivel superior, íntimo y acogedor que nos dio cabida en una soleada tarde. El ambiente en penumbras, aderezado por paredes desnudas y mobiliario semejante a cajas, se combina con cómodos sofás y cojines modernos para mayor confort. Desde el primer momento en este salón la sorpresa me inundó al descubrir que la mesa auxiliar de los camareros era una máquina de coser Singer de principios del siglo XX, y que sobre una caja de madera se acomodaban servilleteros y servicios de cubertería. El servicio presto nos ofreció la carta impresa sobre discos de acetato. Más asombro aún nos causó una nevera para botellas de Coca Cola de los años cuarenta que aún está en uso. Una refrescante cerveza michelada atenuó nuestro calor mientras esperábamos por los entrantes, brochetas de jamón y queso y un bien surtido cocido de garbanzos antecedieron a un delicioso pescado grillé guarnecido por vegetales y puré de boniato. Si bien las brochetas fueron oportunas, el cocido estuvo algo pasado de sal y unos toques de socarras oscurecieron la presentación del plato. Por su parte el filete de castero bien cocido permitía apreciar la suave textura del pescado y su delicado sabor. La justa medida de los ingredientes en este plato es algo poco usual en la cocina cubana caracterizada por la abundancia de sabores. Solo podemos señalar de manera negativa la ausencia de portavasos a la hora de servir las cervezas que provocaron una verdadera inundación en la pequeña mesa, por demás poco apta para acoger los platos de presentación en los que se sirve en este restaurante. Es una suerte que se encuentre climatizado el local para beneplácito de los visitantes, aunque podría trabajarse mejor este aspecto. La oferta bien pensada contribuye a mantener el local lleno durante las noches, lo que se ve favorecido por el cálido ambiente e impecable decoración. Es este un lugar idóneo para compartir entre amigos y disfrutar de los aires de antaño que ofrece La Habana. Marisel Morejón Barbán Coordinadora Guía Excelencias Cuba

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