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El Cocinero

El Cocinero

El Cocinero

Contra vientos y humos la antigua chimenea se ha convertido un ícono de los lindes del Vedado, la otrora fábrica de aceite devenida en restaurante y atracción turística, es hoy uno de los establecimientos más populares de la ciudad. El Cocinero se conoce por las peculiaridades de su construcción y su historia como uno de los edificios rescatados del deterioro para convertirlo en restaurante. De hermosa infraestructura, pero de difícil acceso por la elevada escalera de caracol, cuenta con una espaciosa terraza con vistas a la barriada. Preferido por los clientes, que en muchos casos comparte con Fabrica de Arte, resulta interesante por sus hermosas vistas y frescor natural, que lo convierten en un excelente bar al aire libre para compartir un atardecer con los amigos. El servicio, a su manera, recibe al visitante al llegar a la cima tras una campanada de anuncio. El menú breve, de acuerdo a las características del lugar permite al visitante elegir el acompañamiento perfecto para un delicioso coctel. Entre los entrantes más populares están las empanadillas, rellenas con queso azul y aderezadas con miel y ajíes, las frituras de malanga, las deliciosas croquetas de pescado y las tablas con selecciones de quesos o jamón que tienen gran demanda. Muy por debajo de los entrantes, los pocos platos principales pasan sin penas ni glorias, con la válida excepción de los chorizos parrilleros y las brochetas de excelente factura. Diferente suerte tienen las bebidas de El Cocinero, como la exquisita y refrescante Piña Colada que si bien poco cargada de alcohol, todo lo contrario a lo que se había pedido, tiene una decoración tropical ingeniosa, agradable a la vista y al paladar, a pesar de la falta de canela en el trago. Para culminar una cena ligera disfrutando de la vista, el café expreso está pensado para dejarnos deseosos de repetir la dosis, servido en escasa cantidad, pero de exquisito aroma y gusto. Llama la atención que siendo este uno de los restaurantes más conocidos de La Habana haya detalles que pueden ocasionar disgustos en los clientes, como la falta de uniformidad entre las vestimentas el servicio, demoras innecesarias en la preparación de la orden estando la terraza casi vacía, y la falta de coordinación en el trabajo al estar casi todo el personal ocioso. Estos detalles unidos a notables diferencias en la calidad de la oferta, a pesar de mantener el mismo menú, restan encanto a la que desde los inicios de este restaurante fue el espacio preferido por el público. Sorprende el hecho que el día de nuestra visita, siendo poco más de las diez de la noche, el restaurante parecía cerrado, prestando servicios solamente la terraza donde había pocos clientes hasta nuestra llegada. Deja bastante que desear el decaimiento del servicio y calidad de El Cocinero, sobre todo cuando sutilmente a las doce de la noche, el servicio comienza a recoger las mesas y a barrer el piso invitando de manera insistente a abandonar el local; pero a pesar de todo sigue en la preferencia del público y no deja de tener ese encanto mágico que guardan los edificios antiguos en sus añosos muros. Marisel Morejón Barbán, Coordinadora Guía Excelencias Cuba

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