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Cueva de los Peces

La Cueva de los Peces o el paraíso a tus pies

La Cueva de los Peces o el paraíso a tus pies

Admito el colapso, el sentimiento, cuando me dijeron que acompañaría en varias cenas -nada más y nada menos que- a la estrella de la cocina Susi Diaz​ y a el mejor chef pastelero, Paco Torreblanca​. Al principio tuve temor, luego asumí el reto. En honor a la franqueza, el miedo se disipa cuando se conoce la humildad y el profesionalismo de estas personas. Sin dudas, los galardones que acompañan a ambos tienen que ver con su modestia. En el tiempo que les dejaba el VI Seminario Gastronómico Internacional Excelencias Gourmet 2016​, visitamos varios lugares de La Habana, tanto del sector estatal, como del ya casi consolidado sector privado. Nos abrieron sus puertas Atelier​, Le Chansonnier, el Anacaona del Saratoga, y otros. Pero, me veo obligado a referenciar la visita a la Cueva de los Peces. En un intento por salirnos de los tradicionales circuitos de La Habana Vieja y Varadero, llegamos a la Ciénaga de Zapata​ -vale la pena de vez en cuando ir más allá y descubrir enclaves sorprendentes y fascinantes-. La descripción científica de La Cueva de los Peces explica que se trata de un cenote, muy abundantes en Centroamérica. Yo puedo decirles simplemente, que es todo un espectáculo de la naturaleza. Imagínese una laguna idílica en la que nadan “muchos, muchos” peces exóticos, justo ahí a sus ojos, rodeada de una maravillosa vegetación. Apenas unos metros está un pequeño restaurante, una imitación de ranchón campesino. Nos recibieron con una gran mariscada matancera. El plato estaba exquisitamente decorado, bajo un carapacho de langosta había varios tipos de mariscos aderezados con rodajas de piña. Además, complementamos con una típica paella española. Los profesionales del restaurante sabían con quién estaban lidiando, quizás algún que otro nervio los traicionó, pero la afabilidad y la cortesía del trato, al menos a mí, me demostraron que atienden de esa manera tanto a Susi, a Paco, como a cualquier otro comensal. El entrante, así como la mariscada y la paella, los maridamos con cervezas nacionales. Vivimos una tarde cubanísima, con el olor a salitre en el ambiente y en los labios. La abundancia de la comida nos sorprendió a muchos, entonces Paco, con su genio, hasta para hablar, dijo: -“Por favor, acepten los platos, es un modo de respeto al chef”. Yo creo que el secreto de servir bastante comida en esta ocasión fue contrastar el ideal de que “lo abundante también es gourmet”. De Cuba, estos chefs, me atrevería a asegurar, se fueron impresionados por el talento culinario, por la hospitalidad de los cubanos y por el profesionalismo que se va despertando de a poco. Dr. Julio César Ginarte

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